Fiesta del Solsticio de Verano 2003
El pasado día 21 de Junio celebramos la tan esperada
fiesta del Solsticio de Verano, que constituyó un
rotundo éxito, tanto por la participación que desbordó
todas las previsiones, como por el ambiente que se
vivió.

Comenzamos a las 8 de la tarde con una heterodoxa
sangría (era blanca, no colorá) que estaba de muerte,
mientras se daba tiempo a que fuesen llegando los más
rezagados. Al poco rato, llegó la batucada, con lo que
nuestras expectativas de tener una fiestecita relajada y
familiar se fueron al garete. Hubo quien en las
siguientes 8 horas no paró de bailar al ritmo
enloquecido de los tambores, como pueden atestiguar los
servicios de urgencia de los hospitales de la zona, que
tuvieron que atender varios casos de ataque agudo de
agujetas. También llegó un personaje muy importante que
más tarde tendría un papel de máximo protagonismo, muy
a su pesar: el pirata Frescachón.
Cuando
empezó a anochecer, comenzaron los rituales de
rigor. No sé muy bien en qué consistieron, ya que en
ese momento yo estaba más dedicado a la recolección del coco y del
molusco bivalvo; sólo sé que se comenzó haciendo un círculo de
los que tanto gustan a nuestro amigo Jan, que después de
algunas maniobras todo el círculo terminó en el suelo,
unos encima de otros en promiscua mezcolanza, y que
después se fue todo el mundo marchando al ritmo de los
tambores hacia la orilla, donde, mientras unos
aprovechaban para meterse en el agua (cosa muy
recomendable a esas alturas), otros se dedicaban a soplar
por unos anillos de metal, en la vana creencia de que sus
deseos se cumplirían no se cuando (no me llames iluso).
 
 
Tras los susodichos rituales, vino el plato fuerte:
Nos dirigimos todos en ordenado desfile a un apartado
junto al puerto (hay que aclarar que cuando aquí decimos
fuimos o vinimos, nos estamos refiriendo a más de 200
ejemplares de primates bípedos hambrientos, con lo cual
el hecho de que sea ordenadamente, tiene su mérito),
donde nuestro amigo Javier Ibarra puso
toda la carne en el asador (y nunca mejor dicho), y
consiguió dos cosas: que dejáramos de bailar por un rato
(incluso los componentes de la batucada), y callarnos a
todos la boca, por el simple y eficaz método de
llenárnosla de cosas ricas.
Acabada la cena (no, no estamos en misa), una vez
saciadas nuestras hambres y sedes, nos volvimos a dirigir
hacia la playa, donde Frescachón nos estaba esperando
totalmente ajeno a su destino fatal. Parecía apurar su
último cigarrillo, en un acto premonitorio de lo que le
esperaba. Tras unas palabras (más que palabras, versos)
de los maestros de ceremonia, y al ritmo de los tambores,
comenzó el ritual. Gran pecador, por fín purgó sus culpas en el fuego purificador. Curiosamente, su pata de palo, que
tan famoso le hizo en todos los mares que surcó, fue la
última en arder. Mientras tanto, el populacho
despiadado, ése mismo que semanas atrás jaleaba en el
circo romano a los leones que devoraban a tripulaciones
enteras, se divertía bailando y saltando sobre sus
ascuas y se embriagaba con la queimada que meigas ávidas
de sangre y almas habían preparado invocando al
innombrable, para su perdición.
Por último, comenzamos la ruta barquera, donde las
tripulaciones de los barcos que visitamos (el Nanu II, el Reina, y el Desafío II), compitieron en agasajarnos
comprobando además que de lo dicho anteriormente de
saciadas las hambres, pase, pero que de las sedes, ni
mijita. Estuvo muy bien la visita al barquito (lo de
barquito lo digo sin menosprecio; es que es encantador)
de Dioni, porque, al margen de la caipirinha y el mojito,
cuyo único defecto, consecuencia de su virtud, fue que
duraron poco, tuvimos otro aliciente que era el de
practicar el equilibrio en el estrecho pantalán (ya sabéis, agua a izquierda y derecha), en medio de una
multitud bailonga y en un estado etílico en el que a algunos,
dicho equilibrio en tierra firme y despejada ya les
resultaría difícil.
A las tantas de la madrugada, Junto al Desafío II, y
tras una magnífica y espontánea exhibición de Capoeira
por parte de algunos componentes de la batucada, el que
suscribe y la compaña decidieron dar de mano, por
aquello de que todavía nos quedaban un puñado de
kilómetros para llegar a territorio decente, así que no
sé si pasó algo más digno de mención. Ya le
preguntaremos a Paco. Sólo puedo añadir que, cuando
llegamos a nuestra urbanización, el sistema de riego
automático de por la mañana, acababa de ponerse en
marcha. Buenas noches.
Juan Manuel
Agradecimientos:
Nuestro más sincero agradecimiento y al mismo tiempo
felicitaciones por el éxito obtenido a (por riguroso
orden alfabético del primer apellido suprimiendo
preposiciones, incluso alemanas):
Juan José Anting, Jan von Benckendorff, Javier
Jordán, Rafael Ruiz, y Jesús Valdivielso, sin cuya dedicación
entusiasta esta fiesta no hubiera sido posible.
Gracias también a nuestras incansables bailarinas (por riguroso
orden alfabético del nombre): Elena, Isa, Macarena, Noelia y Pilar.
Por último, (y no en importancia), gracias especiales también a Paco y Conchita.
Por supuesto, si me he comido a alguien (bueno, o
simplemente omitido, que aún está muy fresco el
recuerdo de los leones), ruego que sepa perdonarme (y si
no que lo aprenda), y que me envíe por intermedio de sus
padrinos la información necesaria para subsanarlo.
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